A raíz del revuelo que ha causado el nombramiento de ciertos funcionarios del estado durante el proceso de instalación del nuevo gobierno, es necesario reflexionar acerca de la principal crítica que se ha hecho por parte de la mayoría de los sectores políticos, los que han acusado a la recién asumida administración de nepotismo, particularmente en el caso del nombramiento del hermano del Presidente de la República como embajador en Argentina.
Respecto de lo anterior es necesario destacar el hincapié que se ha hecho acerca del concepto del mérito que tendría Pablo Piñera, sujeto es cuestión, para desarrollarse en el cargo, ante lo cual surge una pregunta ¿Qué tan objetivos son los criterios basados en el mérito para determinar la idoneidad de una persona a la hora de desempeñar un cargo o una función particularmente dentro del aparato del estado?.
La verdad es que ninguno, porque el mérito en si es subjetivo, y en su condición de subjetividad presenta consideraciones totalmente personales y arbitrarias que en todo caso son normales por estar basadas en percepciones de cada individuo.
Por tanto la meritocracia como valor que quiere ejercerse en la administración pública más que una cuestión racional, técnica vendría siendo en muchos aspectos emocional, ya que los parámetros que determinan el mérito son subjetivos.
Además, el conflicto que ha surgido por estos nombramientos ni siquiera tiene que ver con el merito del seleccionado, es decir con aquellas competencias personales tanto profesionales, emocionales de éste para desarrollar la función que se le había encomendado, sino que el conflicto se suscita por la relación de hermanos entre el presidente y el que iba a ser embajador, es decir, se han obviado sus capacidades personales y solo se ha tomado en cuenta este aspecto y por esto al presidente se la ha criticado y prejuzgado en cuanto a sus intenciones.
Lo anterior muestra un síntoma claro de un fenómeno que se ha ido dando a todo nivel en Chile, la perdida de presunción de la buena fe, lo cual me parece preocupante ya que la presunción de la buena fe en las personas es clave y fundamental para desarrollar una buena gobernanza y gobernabilidad dentro de los estados. Lo anterior en mi opinión se debe a la filosofía marxista que ha imperado durante los últimos años en Chile, que por su ideología de lucha de clases ha dividido a la sociedad en buenos y malos lo que ha roto la confianza interpersonal y esto ha provocado una disgregación social preocupante en nuestra nación.

por César Vega Díaz