Por Luis Aranguiz Kahn

Hace unos días atrás, el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín (UDI), se declaró “socialdemócrata”. Esto originó un debate que ha ido tomando fuerza con los días. ¿Lo hizo Lavín por pragmatismo para alcanzar a un sector en la orfandad política o porque efectivamente dio un giro ideológico? De la tesis que uno asuma, depende el grado de exigencia de explicaciones. Si fue pragmatismo, eso indica que cuando llegue el momento de tomar decisiones, Lavín seguirá actuando como un hombre de la UDI. Pero si fue un giro ideológico, entonces se trata de una cuestión más complicada.

Sea como fuere, lo cierto es que el intento del alcalde Lavín con esta afirmación fue, de algún modo, apelar a un mayor sentido social en la derecha. El sector se encuentra en una discusión ideológica de gran importancia porque, luego del 18 de octubre y a propósito del próximo plebiscito por una Nueva Constitución, han querido abrirse paso con fuerza concepciones ideológicas alternativas en su interior. Entre ellas se cuentan el nacionalismo popular y también el socialcristianismo como tradiciones de derechas que, a diferencia de las visiones liberales con las que conflictúan, buscan formular una propuesta de carácter social más robusta.  Es en este contexto que poco después de la afirmación del acalde Lavín, el ministro Segpres Cristian Monckeberg (RN) se declaró “socialcristiano”.

Ambos casos, Lavín y Monckeberg, ilustran la discusión ideológica interna de la derecha, y ambos van por el Apruebo a la Nueva Constitución, a contrapelo de la campaña por el Rechazo que surge de su propio sector.  Sin embargo, lo que los diferencia es que mientras que el segundo apeló a una tradición de pensamiento afín a la derecha, el primero apeló a una que se encuentra claramente fuera de ella.

Bien puede pensarse que dentro de la izquierda chilena hay fuerzas crecientes que ven a la socialdemocracia como una ingenuidad del pasado y que esos votantes están esperando a alguien que los convoque. Pero conquistar al votante socialdemócrata para la derecha requerirá mucho más que una declaración de buenas intenciones. También hay que considerar que no es seguro que dentro de la propia derecha haya disposición para apoyar unánimemente políticas socialdemócratas. Después de todo, si cuesta hallar armonía con propuestas de mayor sensibilidad social como la nacional popular o la socialcristiana que son del propio sector ¿cuánto más con una del adversario?

En este escenario cabe recurrir un tanto al pasado. Ambas corrientes pueden rastrear sus raíces fácilmente a la segunda mitad del siglo XIX. Ya en esos días autoridades espirituales del catolicismo como el papa León XIII, rechazaban a la socialdemocracia por su materialismo y observaban irreconciliables diferencias de principio.  Es en este contexto que surgen las primeras ideas de catolicismo social en Europa. En Chile, estas ideas fueron especialmente recibidas por el Partido Conservador y por la Falange Nacional. Si bien es cierto que la Falange pasó a la centroizquierda, de todas formas mantenía una clara diferencia con las izquierdas de la época de matriz no cristiana.

Esta diferencia de principio, no obstante, no ha sido vista necesariamente como obstáculo para una política de acuerdos. El ejemplo más común para ello es la Europa de posguerra, cuyo caso paradigmático es la construcción del estado de bienestar en la Alemania federal por obra conjunta de socialcristianos en el centroderecha y socialdemócratas en la centroizquierda. Ambos sectores, pese a las diferencias que los separaban, entendieron la importancia de una resolución de conflictos y de avance nacional en una clave democrática, sobre todo después de la destructiva experiencia del nacionalsocialismo. Es en este sentido que el elemento principal para mantener la estabilidad del país fue el respeto por las instituciones y por la democracia.

Esta forma de entender la política democrática halló eco en Chile y puede ilustrarse en las ideas de uno de los teóricos más importantes de la Falange, y luego DC, Jaime Castillo Velasco. Al referirse a los problemas políticos del socialcristianismo en 1953 y estando desde luego en la centroizquierda, daba cuenta de las mutuas reticencias que había entre su sector y los socialistas de la época -que valga recordar, si bien encontraban entre sus fundamentos la filosofía marxista, no se declararon marxistas-leninistas sino hasta 1967-.

Con todo, Castillo observaba que “la alianza de social cristianismo y del socialismo democrático puede asegurar todo lo que el pueblo chileno todavía espera: esto es, una etapa de progreso madurado, sensato y realista, pero serio y siempre en permanente evolución”. Notemos aquí lo siguiente: pese a que su afinidad era claramente de centroizquierda, Jaime Castillo no se declaró socialista democrático o socialdemócrata. A lo sumo, apeló a la posibilidad de una “alianza” cuyo fundamento era el respeto por la democracia.

En vista de todo lo anterior, si bien por una parte puede resultar problemático que un futuro presidenciable de derechas se declare socialdemócrata, al menos aquello permite profundizar el debate sobre los modelos de pensamiento políticos de mayor énfasis social al interior del sector; y, por otra parte, podría ser que el reconocimiento de estas ideas propias del sector, haga más viable delimitar las fronteras para un trabajo conjunto democrático con posiciones de signo opuesto como la socialdemocracia.

Si lo que se desea es forjar una alianza de centro con los sectores de mayor conciencia republicana en las izquierdas, aquello puede llevarse a cabo si se reconocen las diferencias de principios ajenos y propios, al tiempo que se reafirme mutuamente un compromiso irrenunciable con el sostenimiento de una democracia asediada por extremos cada vez menos discretos. En tal escenario, si bien apelar a la socialdemocracia puede ser complicado, al menos la disposición a buscar un énfasis de preocupación social al interior del sector permite apelar a una centroderecha socialcristiana que, atento a la experiencia del pasado, puede trabajar en la búsqueda de estabilidad nacional con los socialdemócratas.

 

Sobre el autor:

Luis Aranguiz Kahn:   Licenciado en Letras mención Lingüística y Literatura Hispánicas, Minor en Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Magister © en Estudios Internacionales, Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago de Chile (USACH). Diplomado de extensión en “Cultura Judía” y Diplomado de extensión en “religiones comparadas” Centro de Estudios Judaicos (CEJ), Universidad de Chile (UCh).  Diplomado de extensión en “Teología, Política y Sociedad” y   Diplomado de extensión en “Mundo Árabe Contemporáneo”, Centro de Estudios Árabes, UCh.